Jugando con Padres – Viajeros al tren

Después de una vida jugando al mismo juego de cartas y, ocasionalmente, sacando de paseo el Trivial Pursuit, el reto de jugar con mis padres se dibujaba complicado. No porque no fueran capaces de jugar un Arkham Horror si se lo poníamos delante, sino por romper con la costumbre de jugar siempre a lo mismo.
Tras habernos visto muchas veces estudiando manuales de juego, discutiendo sobre alguna FAQ, o haber escuchado cómo tenemos que detener nuestras partidas para revisar normas (incluso 3 días en el peor de los casos), la idea que tenían de estos juegos de mesa raros, hacía más complicado que tuvieran ganas de probar uno.
Afortunadamente, mis padres son muy apañados, e incluso hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, jugaron una partida a rol, de Star Wars, aunque acabaron cayendo por un barranco cuando pilotaban una moto speeder imperial… No recuerdo cómo demonios se hicieron con una, pero el resultado fue una bonita explosión en el fondo de un abismo. Ni haciendo trampas pudieron salvarse. No he visto una tirada de dados tan mala en mi vida.
Resultado de la encuesta hecha para decidir a qué jugamos con padresGracias a vuestra ayuda decidimos que su primer juego fuera Viajeros al tren. Me alegré mucho de que éste fuera el ganador, porque me parecía ideal para iniciarles sin necesidad de que las neuronas les echaran humo contándoles tropecientas normas y tropecientas acciones que pueden realizar en tropecientas rondas.
Viajeros al tren me parece un juegazo para una primera toma de contacto, ya que se interactúa con cosas que uno conoce: vagones de tren, colores y geografía (en nuestro caso jugamos con la edición de Estados Unidos), no hay orcos, no hay Martillos del Alba ni Gallifrey que valga: trenes, rutas y colorines. Punto.
Se monta en 3 minutos, se explica en 5 y se puede empezar a jugar sin que nadie supervise. Por si alguno no conocéis, el juego consiste en construir rutas de tren que conecten ciudades específicas. Hay que ir robando cartas en las que aparecen vagones de colores, que serán la materia prima para poder crear esas rutas. Es un planteamiento fácil, pero cuando hay 4 personas pugnando por hacerse con un mismo camino, la cosa se complica un poco.
La partida se desarrollaba normalmente, de una forma tranquila y amena, cuando nos dimos cuenta de que hay personas que sólo quieren ver arder el mundo, y mi padre es una de ellas. Ante el estupor de todos, particularmente mi madre que le miraba como si jamás hubiera visto al hombre que tenía enfrente, este señor amable y tranquilo, empezó a dedicar su vida a cortarnos a todos las rutas comprando cosas absurdas que a él no le valían más que para fastidiar, bloqueando vías que eran dobles, o cogiendo cartas que sabía que quería otro. A veces se controlaba porque mi madre le llamaba al orden, pero he de decir que en su casa se jugaba al parchís sin comerse, así que su opinión no era muy tenida en cuenta por este hecho.
Pero mi padre había venido a jugar, y su juego era ese, averiguar qué tramábamos los demás y frustrar nuestros planes. Que al final quedó el último, sí, pero él era feliz rodeado del caos que iba sembrando y las caras de mi madre le hacían mucha gracia.

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Jugar con ellos ha sido una experiencia buenísima y me ha hecho recordar las tardes de domingo en familia cuando mi hermano nos daba palizas a Hotel, o hacíamos garabatos ininteligibles en Pictionary. Merendar y jugar es una tradición que, afortunadamente, no se ha perdido en mi casa, pero hacía mucho que un tablero no tocaba la mesa porque las cartas dominaban siempre.
Después de stresar a mi madre con un juego competitivo, les hablamos de cómo se juega a Sherlock Holmes y les sonó bien, así que esperamos que esta sea la primera entrada de Jugando con padres, pero no la última.
Muchas gracias Progenitores, por prestaros a este experimento.

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% Comentarios (4)

A nosotros no ha ido especialmente bien con este juego, yo voté por él porque sabía que sería un éxito. Nunca me he encontrado con ningún jugador como tu padre pero supongo que cada uno se divierte a su manera.
Yo aún no he dado el siguiente paso, pero creo que voy a hacer como vosotros y probaré con Sherlock Holmes.

Ha sido muy buen juego para empezar, nos lo pasamos muy bien y al final la “estrategia” de mi padre le dio mucha chicha al juego porque nunca sabías qué camino te iba a contar, así que la estrategia de los demás se debía basar en el despiste. Estuvo muy bien porque nos reímos mucho.
Si te animas con Sherlock Holmes ya nos contarás qué tal funciona. 🙂

Turno por alusión:
Soy el padre de Marta y disiento por completo.
NO es un juego tranquilo y ameno. Tras una primera parte tranquila y poco amena en la que te dedicas a jugar de forma ortodoxa y a estudiar la letra pequeña de las Normas para ver que partido se les puede sacar, decidí cambiar a una partida menos tranquila y más amena.
Craso error. No se debe cambiar de estrategia a media partida y, naturalmente, quedé el último.
Pero al final me divertí y acepté jugar otro día
Si volvemos a jugar a lo mismo, creo que se me tirarán a la yugular. Ne da igual. Jugaré con collarín. JM.

Mejor que el collarín, equipo completo antidisturbios 🙂

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