Relatos de un superviviente

Capítulo 1 – Zombicide

Ya sólo quedamos Wanda, Neema, Raoul y yo, todos los demás han caído, menos ese tío raro que dijo que no lo aguantaba más y se largó. Era tan inútil que ni me aprendí su nombre… Me pregunto qué habrá sido de él. No le puedo culpar, no fuimos muy listos al decidir quedarnos en un edificio con tantas grietas y con un nido de zombis cerca. No dejan de venir, y siendo sólo 4 no podemos quedarnos aquí, si no nos matan ellos lo hará el cansancio, la falta de sueño nos está volviendo locos. Tenemos que armarnos y destruir el nido, es la única solución.
Antes de hacer nada necesitamos armas, no creo que con esta mierda de sartenes podamos protegernos y aunque Raoul lleve esa pistola tiene tan mala puntería que liarnos a sartenazos no me está pareciendo tan mala opción.
Personajes de Zombicide
La decisión está tomada. Ya no hay vuelta atrás. Corremos hacia los coches abandonados en medio la calle y nuestros pasos retumban en medio del silencio entre los edificios haciéndonos grandes, parece que sólo existimos en el mundo nosotros y el silbido de las ruedas de los patines de Wanda. Oigo cómo Neema grita desde atrás que me ponga al volante del coche de policía destartalado, pero no me da tiempo, solo quiero montarme y rebuscar por todas partes… Una puta sartén, sólo tengo una puta sartén ¿qué quiere que haga con esto? ¿arroz?
Mientras palpo cada milímetro del coche frenéticamente Raoul se pone al volante y todos los demás se suben como pueden. El coche se ahoga, no va arrancar y ya no estamos solos. Les oímos por todas partes y lo que es peor, vemos un abominación tóxica que viene directa hacia nosotros; a esa no hace falta oírla, ocupa toda la calle mientras avanza bamboleante inexorablemente hacia nosotros. Estamos perdidos. Es irónico que este coche esté muerto y yo acabe de encontrar un bidón de gasolina. Raoul grita, ha perdido el juicio y no hace más que girar la llave hasta el límite cuando oímos que el motor arranca. Salimos disparados y la velocidad hace que me pegue al asiento mientras abrazo mi gasolina.
Hasta llegar al final de la avenida falta un buen trecho, no hay tiempo que perder. Me tiro de cabeza al maletero a buscar una pistola, un hacha, un rifle… Lo que sea menos más complementos de cocina, por favor… El coche traquetea destrozando bajo sus ruedas huesos de zombis, me obsesiona ese sonido, esos crujidos repiquetean en mi cabeza hasta que Wanda dispara dos pistolones que ha encontrado en otro coche. Ahora me he quedado sorda y casi lo agradezco, sólo oigo un pitido mientras el coche se zarandea de un lado a otro, haciéndome rodar por el maletero mientras trato de aferrarme cualquier cosa. Encuentro algo que no reconozco al tacto, lo levanto con mucho esfuerzo y comprendo por qué había allí un bidón. Ahora tengo una sartén, gasolina, un lanzallamas y ganas de prender fuego.
Levanto la vista y veo a Raoul intentando disparar dos pistolas, una para cada lado, fallando cada bala.
– ¡¿Qué coño haces?! ¿Te crees un rodaballo para ver en lados apuestos? ¡Este plan es una mierda! Bajaos todos del puto coche coche, joder.- Neema empuja de un solo empellón a Raoul fuera del coche y toma el volante. Se vuelve hacia Wanda y hacia mí que estamos heladas en la parte de atrás, Tal vez si no nos movemos y no respiramos simplemente vea a través de nosotras y no nos deje en la calle.
– He dicho que bajéis.- No nos grita, pero la forma tan pausada en que pronuncia cada sílaba nos hiela la sangre. Reptamos hacia una puerta sin dejar de mirarla mientras ella nos sigue con los ojos. No hemos cerrado aún la puertezuela cuando acelera y nos deja atrás.
Un tiro corta el aire… Y dos y tres mientras el coche se aleja… Raoul ha tenido un golpe de suerte y ha conseguido abrir un camino entre el río de zombis asestando buenos disparos para que podamos guarecernos en un edificio de oficinas. Ellos consiguen entrar pero yo no. Me han rodeado y no hay escapatoria. ¿Cuántos son? ¿10? ¿15? No importa, son más, son muchos más y uno es ese gigante verde con pinchos. ¿Qué demonios lleva en los pies, conejitos?
Elsa acorrlada por zombis - Zombicide
Entre la hora de zombis veo venir el coche zigzagueando hacia mí. Parece que va sin ningún control, pero es lo normal cuando la conductora lleva medio cuerpo asomado por la ventanilla blandiendo un machete con el corta por la mitad todo lo que no atropella. Ha debido entrar en razón pero ya es tarde. Preparo el lanzallamas y no lo pienso, cierro la mano en torno al gatillo y rezo por haberlo cargado bien. La luz es cegadora y el calor me abrasa, se me secan los ojos y me cuesta mantenerlos abiertos para apuntar, pero todos los zombis caen a mi alrededor reducidos a la más miserable nada mientras giro sobre mi misma. Noto que un dolor horrible me corroe el brazo cuando esa abominación con zapatillas de conejito se desploma. Grito y ellos mueren. Al final sólo quedan montones crepitantes de harapos. El olor es horrible, no sé si son ellos o mi brazo. Echo a correr dentro del edificio en busca de mis compañeros pero por mucho que me aleje ese hedor me persigue.
– Este edificio está limpio.- Me dice Raoul al verme. Me doy la vuelta y miro por donde he entrado, no me puedo creer que ya estén viniendo zombis. No hay tiempo que perder.
– Buscad gasolina.- No hay más que decir. En dos segundos esa oficina está patas arriba pero no hay ni rastro de gasolina. Normal ¿quién viene a la oficina con un bidón de gasolina?.. Pues la misma gente que tiene escondidas hachas y recortadas, mira qué suerte… A lo mejor no es tan descabellado pensar que aquí algún zumbado tuviera combustible.
Guardo mi botín y busco a Raoul para repartirlo, pero cuando le encuentro se está poniendo una máscara de gas y me hace señas para que retroceda. Hemos sido demasiado lentos. 2 gordos inmensos que rezuman ácido le han acorralado y han traído amiguitos. Saco la recortada pero no puedo apuntar bien, me da miedo pegarle un tiro sin querer, me tiembla el pulso pero intento concentrarme en atinar a zombis. Mientras trato de apuntar veo como Wanda huye hacia el otro lado de la oficina. Menuda zorra patinadora. No hay nada que hacer, si disparo le doy seguro, así que entro allí empuñando mi hacha con el brazo sano, intentando asestar golpes a cualquier cosa, pero sólo corto el aire que parece reírse de mí.
-¡VETE!.- me grita
No miro atrás- Lo siento Raoul, lo siento… Y corro por mi vida atravesando un pasillo tras otro hasta que me quedo sin aire. Estoy sola, estoy cansada y la quemadura del brazo no para de palpitar. Me concentro en el ritmo de los latidos -pumpum, pumpum- y pienso en dejarme morir aquí mismo. Por lo menos podría dormir, ya no me acuerdo cuándo fue la última vez que lo hice. Cierro los ojos y me escurro por la pared. Me voy a dormir -pumpum, pumpum-.
Unos tiros resuenan por toda la calle, haciendo imposible identificar de dónde vienen, pero tiene que ser Neema. Abro los ojos y escucho atentamente mientras clavo la mirada en la descolorida pared de enfrente. Oigo como unos neumáticos se queman innecesariamente al tomar una curva. Parece que esa siesta tendrá que esperar. Me levanto pesadamente e intento correr hacia la salida. Me tropiezo con algo que me hace dar un traspiés… No puede ser… ¿En serio?.. ¿Un bidón de gasolina? Esto es una señal divina. Lo abrazo como si fuera Jesucristo y salgo a trompicones por la puerta destrozada. No me equivocaba, Neema está fuera con el coche arrancado. Seguramente siga zumbada, pero me tiro en plancha dentro.
– Raoul y Wanda han muerto.- dice sin inmutarse – yo tengo un plan, pero no te va a gustar.
Mientras restallan de nuevo huesos bajo las ruedas recorremos la avenida y Neema me cuenta su plan. Un tímido edificio de apartamentos se va dibujando frente a nosotras y cuando llegamos a la puerta nos detenemos. Ya me ha contado todo. Efectivamente, el plan no me gusta nada.
– Buena suerte.- Dice sonriendo mientras pasa el brazo por encima de mí y abre maternalmente la puerta -Estaré aquí cuando salgas.- Otra sonrisa. Veo como se impacienta por momentos porque no me he bajado todavía. Sé que tengo que meterme en ese edificio y prenderle fuego, así acabaré con el nido, pero mi cuerpo no reacciona. Me aferro a la piel plasticosa del asiento haciendo que me suden las manos. La miro implorando que vaya ella, pero sé que no lo hará. Deja de sonreír y aprieta la mandíbula. Es el momento de bajar.
Río de zombis en Zombicide
No sé cómo va a terminar esto, pero sé que va a terminar ya. Sólo tengo que abrir la puerta y quemar el nido. Abrir la puerta y quemar el nido… Oigo cómo se mueven dentro, oigo sus pies al arrastrarse, oigo cómo arañan y muerden la puerta para abrirse paso hasta mí. Tomo aire profundamente a pesar de que ese hedor a piel quemada sigue incrustado en mi pituitaria, me entrego por completo, pongo el dedo en el gatillo del lanzallamas y me abalanzo dentro sin pensar.
Luego todo fue muy rápido: luz, calor, ese maldito olor y dolor, ya no soporto más el dolor cuando el ácido me vuelve a salpicar. Mientras caigo veo como Neema se aleja en el coche. Al menos ella lo ha conseguido y yo puedo dormir. -pumpum, pumpum, ———–

ELSA

Basada en una partida de la temporada 1, misión 4 de Zombicide “Disparo a la carrera”

Si te ha gustado esta historieta, compártela 🙂

Port Relacionados

Leave a comment

Uso de cookies

Utilizamos cookies de terceros para el análisis anónimo de la navegación. Si continúas navegando, aceptas el uso de cookies. Más información sobre cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies